jueves, 12 de noviembre de 2009

Si yo tuviera una escoba...

Hoy he vuelto a hacer limpieza. Sí, lo cuento como si fuese una hazaña, porque hoy en día no tenemos la preparación que tenían nuestros antepasados, esos brazos fuertes curtidos en el fragor del campo, esa habilidad fruto de escapar de un padre armado con el cinto, ni esa paciencia basada en los reglazos de un profesor sin rechistar. No. Hoy somos presas de las tecnologías... por eso sin ellas, amigos, no somos nadie.
Esta mañana me he levantado y he visto una .pelusa, qué digo una pelusa, era LA pelusa. Por su tamaño llevaba en la casa más tiempo que yo.
He pasado a su lado y nos hemos mirado sabiendo que no había suficiente sitio en esa casa para las dos y que, tarde o temprano una acabaría con la otra. Yo pensaba darme prisa. No quería ni imaginar lo dura que sería una muerte por asfixia con tamaña concentración de polvo y materia desconocida ¿De qué están hechas las pelusas? Si el 70% del polvo de una casa son escamas de piel... ¿Por qué las pelusas son grises? ¿A qué se debe tanto volumen? ¿Acaso no todo se reduciría a la tierra/barro que traemos en los zapatos de la calle? ¿Hay "permanentes" o champús de volumen en el mundo de las pelusas?
Preguntas a parte, cuando llegué a casa, miré con agresividad a mi pelusa, a la que a partir de ahora llamaré Crhistine (para que vea que sé que tiene clase), y me dispuse a elegir la mejor manera de acabar con ella.
Primero pensé en cogerla directamente con la mano y tirarla a la basura, pero luego pensé que si podía sacar tantísimo partido volumínico a unas cuantas escamas de piel y algo de tierrecilla, seguro que tenía dientes escondidos y podía hacerme una carnicería. Sí, tuve miedo.
Me dirigí al armario y pude ver la escoba, sí, ese palo arcaico que algunos de nuestros mas pequeños desconocen, pero yo, amigos, no tenía aspirador.
Una ráfaga de aire pasó, demostrando que Crhistine todavía podría huir de mí.
Me agazapé tras la puerta del salón donde creí que no podía verme y, segundos después, decidí atacar con todas mis ganas. Fue una dura lucha, sólo puedo decir, que ella acabó en una bolsa de plástico y yo aturdida tirada sobre el sofá.
Nunca me sentí más fuerte ni más realizada.
Me fui a dormir orgullosa de mí misma y al día siguiente, juro, brillaba mas el sol.
Pero como nada puede ser tan bonito, al cabo de un par de días al levantarme... allí estaba, allí, de nuevo, como si su peinado jamás hubiese sido oprimido por una bolsa del mercadona.
Nunca.
Estaba tan perfecta como el primer día.
Esta vez nos miramos con resignación. La resignación de saberr que ninguna de las dos volvería a vivir tranquila nunca más.
Ahora... después de conseguir un aspirador tengo dos cosas claras:
1) Mi vida con ese aparatito ruidoso (sí, es el aspirador, mal pensados) es mucho más feliz.
2)Crhisrine no fue el nombre que, ilusamente, yo pensé que se me había ocurrido debido a la sonoridad qué tenía para darle cierto estatus a mi pelusa, sino un claro reflejo de una sociedad cristiana, porque Crhistine, como Cristo, resucita siempre al tercer día.

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